Acción Social de la Iglesia

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Descripción

INTRODUCCIÓN

Principiamos a escribir este mal pergeñado ensayo después de haber leído reverentemente el Sermón de la Montaña. Hace muchos años, en un Instituto Bíblico, el profesor de Homilética pedía a los alumnos los argumentos en favor de la necesidad de basar los sermones en un texto bíblico. Después de que los alumnos dieron todos, o casi todos los argumentos expuestos por los especialistas en la materia, un alumno se levantó y dio un argumento más que, aunque fue presentado como chiste, nos pareció de mucho peso: Debe usarse un texto bíblico como base del sermón porque, en muchas ocasiones, es lo único bueno que contiene el sermón. Quedaremos muy conformes con que, después de oír este ensayo, lleguéis a la conclusión de que lo mejor que sugerimos es una nueva lectura del Sermón de la Montaña. Esta lectura os serviría para tener una amplia visión de la acción social de la Iglesia. Vuestros corazones serían conmovidos una vez más por el significado y alcance de expresiones tan conocidas como: “Vosotros sois la sal de la tierra”, “Vosotros sois la luz del mundo”, “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras obras buenas”, “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos”, “A cualquiera que te hiere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra”, “Al que te cargare por una milla, ve con él dos”, “¿Qué hacéis de más?” “Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad”, “Todas las cosas que quisieres que los hombres hicieren con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Estas y otras expresiones del Sermón del Monte y del Nuevo Testamento nos hablan con toda claridad de la acción social de la Iglesia

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